La prueba por excelencia de larga distancia por montaña y la más famosa del mundo sin lugar a dudas… vaya experiencia la vivida! La verdad que merece la pena pasarte casi un año preparando esta prueba con largos y duros entrenamientos, diferentes pruebas preparatorias, etc. todo con la vista puesta en el 31 de Agosto de 2018 a las 18:00 horas en Chamonix.

Qué mejor compañía en esta aventura, la de Rocío y Ruymán que harían mis avituallamientos asistidos en los 5 puntos que otorgaba la organización. Ellos también son FINISHER de esta prueba, porque salimos y llegamos juntos como un auténtico equipazo.

Desde el arco de salida, visualizar la llegada… si, pero ni por asomo, ya que la prueba la tienes que tomar como pequeños objetivos a corto plazo y una vez conseguido, a por el siguiente… sino muy complicado gestionar tanto esfuerzo en tantas horas con tantos kilómetros.

Mi mayor objetivo y carga de energía era verles allá donde me esperaban, era una ilusión, una alegría inmensa verles, sus palabras de ánimo, su energía me cargaba el cuerpo y mente para decirles que “nos vemos en el siguiente punto”.

Jamás olvidaré lo que hicieron por mí durante los 170 kilómetros, los 10.000 metros de desnivel positivo acumulado y las 43 horas y 26 minutos empleadas fruto de un enemigo incontrolable allá por el kilómetro 123 llamado sueño.

Solo puedo decirles que GRACIAS de corazón y eternamente agradecido.

Los días previos a la prueba tuvimos el placer de hacer algo de turismo por Chamonix, visitar lo más característico del lugar, pasear, algo de shopping, comer en algún que otro restaurante, lo típico hasta que fuimos a recoger el dorsal, checking por parte de la organización del material requerido, foto oficial y todo listo para descansar, realizar los últimos preparativos previos a la prueba y disfrutar de esta experiencia. La verdad que entre el apartamento, la convivencia del día a día, y las miles de anécdotas que vivimos lo pasamos de 10.

Lluvia, frío, barro, niebla, calor, viento… todas las adversidades climatológicas se dan año tras año en esta prueba que la hacen increíblemente salvaje, muy potente física y mentalmente.

Chamonix tiene algo especial, no sólo por la prueba y el ambiente que se vive durante toda la semana con las diferentes pruebas… es uno de los lugares de los Alpes que más me gustan.

Sin darnos cuenta, ya era viernes, día de la prueba… como no, día de la carrera, día de lluvia sin parar; según previsión meteorológica, iba a llover desde la salida a las 18:00 horas alrededor de unas 6 horas, sin contar el tiempo que durante la noche podía cambiar en cuestión de minutos, así que había que mentalizarse de que ya desde el comienzo iba a ser dura la competición.

Si la salida es a las 18:00 horas tienes que estar con mucho tiempo de antelación para coger un buen sitio en la zona de delante para evitar toda la cantidad de corredores y quizá ritmos más lentos en la parte media y trasera del pelotón.

A escasos cuatro metros del arco de salida me situé; rodeado de miles de corredores de todo el mundo, junto con la selección de los mejores corredores del panorama del ultra trail. Cabeza, mucha cabeza y muchas ganas de que empezara la carrera.

¡Cuenta atrás y comenzaba el Ultra Trail du Mont Blanc 2018! Objetivo más que claro: terminar la prueba y si todo salía como había previsto, intentar cruzar la línea de meta en 33 horas aproximadamente.

Así que comenzaba lo que estaba esperando prácticamente durante un año. El ambiente era increíble, Chamonix parecía que retumbaba del griterío y el ánimo de las personas, muy emocionante y allá a lo lejos estaban Rocío y Ruymán… logramos vernos, !!vamos!! gritamos.

Los primeros 8 kilómetros hasta Les Houches son bastante rápidos, ni te enteras con el ambientazo que hay por todo el recorrido hasta llegar a este pueblo. Primer avituallamiento y comienza la primera subida a Le Celevret que sin ser excesivamente exigente, todas las personas que están animando la carrera, te llevan en volandas.

La bajada es bastante rápida hasta llegar a Saint-Gervais, segundo punto de avituallamiento, lloviendo sin parar durante estas casi tres primeras horas de carrera; el ambiente de las calles y las miles de personas que siguen animando a todos los corredores, es una auténtica pasada. Así que comer bien, hidratarme y rellenar los bidones, tomar algún caldo caliente y por el kilómetro 31 donde me esperaban Rocío y Ruymán.

Tenía previsto llegar en unas cuatro horas a Les Contamines, las 22:00 horas en concreto, y así fue. Dentro ya de la carpa, empezaba el excepcional trabajo de Rocío y Ruymán, en concreto Rocío estaría en este primer puesto: cambio de camiseta e impermeable, cogí la camiseta de manga larga térmica (se preveía mucho frío). Había que asegurarse esta primera y larga noche con total garantía… comí todo lo que pude ya que sería mi “cena” de esa noche, rellenar bidones, cambio de pilas, etc… todo lo establecido, unas palabras de ánimo y de cariño, y nos vamos a por los siguientes 47 kilómetros hasta que volviera a verles ya en Courmayeur antes de las 10:00 a.m que teníamos previsto.

Máxima concentración ahora sí ya, que esta noche iba a ser larga y dura, no sólo por el perfil sino por las condiciones meteorológicas; así que cargado de confianza, y la energía que me dieron Rocío y Ruymán afrontaba ya lo que iba a ser la primera subida desde Les Contamines hasta Croix du Bonhomme a 2.443 metros, pasando previamente por La Balme, avituallamiento previo a la cima.

Subida larga, interminable, alrededor de unos 12 kilómetros aproximadamente… bastones en mano, a buen ritmo, escuchando en todo momento lo que me pidiera el cuerpo: agua, comida, ropa de abrigo, etc… cualquier descuido lo pagarías más adelante ya que es una carrera muy mental y de mucho estrés para el competidor; tienes que estar pendiente en todo momento de tus necesidades y no abandonar en nunca de comer, beber y prestar atención al material que necesitas en cada momento para protegerte del frío, lluvia, calor, etc.

Ya se podía ver las primeras caras de fatiga, el respirar de los competidores… y esto no había hecho nada más que empezar como aquel que dice. Llegas arriba a la cima, y te pones toda la ropa de abrigo que llevas ya que hace un frío terrible… impermeable, guantes, gorro, etc y menos mal que después de unas 6 horas pasados por agua, la lluvia nos dio una tregua durante gran parte de la noche.

Mi objetivo era pasar lo más “rápido” posible esta primera noche y evitar la lluvia, que seguro iba a hacer acto de presencia nuevamente en la carrera ya todo sería mucho más lento y peligroso sobre todo en las bajadas. Cambio de pilas en el frontal al llegar a la cima, y bajada hasta Les Chapieux ya por el kilómetro 50.

Avituallamiento rico de sopa caliente con fideos y arroz, café, sándwich… comida natural en resumen, ya que barritas y geles los llevaba conmigo en la mochila y no había de que preocuparse. Así que salgo del avituallamiento en cuestión de 5-8 minutos, las piernas perfectas, la mente de 10, hasta el momento carrera perfecta en todos los aspectos y con muy buenas sensaciones.

Hasta este kilómetro 50 y con cerca ya de casi los 3.000 metros de desnivel positivo acumulado, siempre guardando un punto de fuerza para la segunda parte de la carrera, mis sensaciones eran inmejorables.

Hasta llegar a Courmayeur en el kilómetro 78, quedaban por delante 28 kms… en los siguientes 15 kilómetros subiríamos al Col de la Seigne a 2.516 metros, pasando ya a Italia y a la famosa Col des Pyramides Calcaires (doble subida de 2.726 metros por su cara Norte y 2.689 metros por su cara Sur), bajando hasta Lac Combal, puesto de avituallamiento en el kilómetro 65.

En este avituallamiento, llegué ya con ganas de “a ver cuando amanece”… tantas horas de noche, la agotadora luz del frontal, el gasto energético que supone ese nivel de concentración, etc. Amanecer siempre te da un punto más de energía después de una larga noche. Los primeros rayos de sol inciden en tu cuerpo, ya puedes contemplar el paisaje, todo lo que te rodea, oxigenar la mente de tanta oscuridad y de mirar al suelo constantemente, es una carga de energía brutal.

“¡Ánimo!, ¡vamos!”, me dije… en cuestión de 13 kilómetros llegaría a Courmayeur, amanece, comienza una nueva carrera, voy genial de tiempo, el cuerpo y la mente de cine, no podía pedirme más que seguir concentrado y continuar con el ritmo que estaba marcando.

La siguiente subida era de ensueño: Arete du Mont Favre a 2.417 metros de altitud, ¿cuántas veces había visto en numerosos vídeos de la prueba este paisaje, esta ascensión?… aquí estaba siendo ya parte de ella, de esta historia llamada Ultra Trail du Mont Blanc.

Fue inevitable llegar a la cima y pararme un par de minutos para contemplar aquella obra maestra de la naturaleza; muy emocionante. Sin darme cuenta miro el reloj, en apenas 8 kilómetros llego a Courmayeur, es decir, una bajada no muy técnica salvo el último tramo antes de llegar y me colocaría en aproximadamente 1 hora y 20 minutos antes de las 10:00 horas de lo que teníamos previsto.

Tanto Rocío, Ruymán y yo quedamos en los días previos a la carrera que faltando alrededor de 10 km antes de llegar a los avituallamientos donde me esperarían, siempre les iba a llamar para decirles que en más o menos 1 hora llegaría y que tuvieran todo previsto. Sorpresa de ellos cuando les llamé a falta de 8 km y sobre todo la hora que estaba marcando en carrera… realmente me encontraba muy bien, y así se reflejaba en el crono.

Llegando a Courmayeur, después de toda la noche sin tener el calor de la gente por las calles, el griterío, los ánimos, te das cuenta que en este tipo de competiciones, el segmento de la carrera que comprende la nocturnidad es muy duro, largo, exigente y que requiere un gran esfuerzo mental… volver a ver la luz del día y sentir el aliento en las calles llenas de personas animándote te dan un plus de energía brutal.

Entro en el pabellón, lleno de corredores, familiares, amigos, realizando el avituallamiento asistido y allí estaba mi equipazo en esta aventura; muy emocionante charlar un poco con Rocío y Ruymán, demasiadas horas solo, te apetece estar con ellos y que te cuenten “algo nuevo” que no sea la carrera, oxigenar la mente.

Ese ratito con ellos fue muy bueno. Comer e hidratarme muy bien, volver a recomponer el equipo de la mochila, cambio de ropa por completo que, aunque no lo creas, cambiarte de ropa, mirarte y ver otros colores, parece como que a nivel mental la carrera es otra, comienza una nueva carrera. Una vez más, el poder de la mente.

Salí del pabellón como si no hubiese hecho ya la friolera de 80 kilómetros, cargado de energía para afrontar los siguientes 45 hasta que volviera a juntarme con ellos por el km 123; lo estaban haciendo de 10, y para ellos también era un esfuerzo grande estar pendiente en todo momento de mí, su descanso, su de allí para acá, mil cosas que hay que vivirlas también, supongo que muy cansados por su parte pero felices de verme muy bien en carrera.

Sales de Courmayeur y tienes la primera subida de 5 kilómetros aproximadamente hasta el Refuge Bertone, otros 7 kilómetros más o menos muy llevaderos en lo que refiere a perfil hasta el Refuge Bonatti, y los últimos 5 hasta llegar al avituallamiento de Arnouvaz en el km 95 previo a la imponente subida del Grand Col Ferret de 2.490 metros de altitud.

La verdad que desde el kilómetro 78 hasta el 95 fue muy llevadero, guardando siempre un punto de fuerza, dosificando, escuchando tu cuerpo, comer, beber, abrigarse, etc. y deseando que pasaran éstos casi 20 kilómetros de la manera más rápida posible.

Más o menos una hora antes de llegar al avituallamiento de Arnouvaz, el tiempo estaba cambiando a peor: viento, mucho frío y nubes que daban la señal de que empezaría a llover en breve. Ya en el avituallamiento, la organización nos obligó a todos los participantes a sacar de la mochila todo nuestro equipo de frio y ponérnoslo… la subida al Grand Col Ferret prometía.

Y así fue: subida exigente, un autentico paredón, sumando además que estoy en un punto de la carrera en el que llevo empleadas unas 18 horas y que el cuerpo ya va notando ese punto de fatiga en las subidas, además que esa “debilidad” por falta de calorías, y cansancio por el esfuerzo físico, cualquier condición climatológica adversa se agudiza y se acusa mucho más. Parece que hace más frío del que hace, más viento, más lluvia, más todo magnificado por la debilidad que arrastra el cuerpo, es inevitable.

Niebla durante toda la ascensión que no se veía donde estaba la cumbre y una vez allí, con todo el equipo de frío puesto, impermeable de tronco y piernas, guantes, gorro, camiseta térmica y la segunda capa externa (micropolar de 180 gramos) puesta… y para abajo. No se podía estar allí arriba ni un minuto.

Bajada eterna, bastante corredera, alrededor de 20 kilómetros bajando donde las piernas notaron ya no un punto, sino varios puntos de fatiga… mi ritmo era constante y muy bueno. Seguía todo en tiempos según lo previsto: llegar al kilómetro 123 alrededor de 24-25 horas, comer muy muy bien ya que del tirón iba a salir para la segunda noche, la peor.

En el km 109, avituallamiento de La Fouly, entré para hacer el último stop antes de ver a Rocío y Ruymán en el km 123. Sabíamos que la organización colocaría unas pantallas gigantes dentro del avituallamiento y que desde la aplicación de Crosscall, recibiríamos un pequeño vídeo de nuestros familiares o amigos para darnos ánimos y seguir con la aventura… y me aparece mi gran amigo Javier Muñoz, ¡¡muy emocionante verle en ese pantallón!! Sonrisas y lágrimas de emoción a recibir sus ánimos.

Vaya chute de energía, ¡¡vamos!! me dije, queda poco para el km 123 ¡¡vamos!! Apenas 14 kilómetros… pero de repente tuve una extraña sensación, y a medida que pasaban los kms hasta llegar al avituallamiento iban aumentando sintiendo que mi energía bajaba por momentos.

¿Qué me estaba ocurriendo? Piernas bien, cabeza bien, hidratación y comida en carrera genial, calambres ninguno… era sueño. Faltando apenas 3 ó 4 kilómetros para llegar donde me esperaban Rocío y Ruymán, desde mi experiencia, me dije mientras corría: “llego, como, me recupero un poco y salgo de seguido para afrontar los últimos 50 km con casi 3.000 metros de desnivel positivo acumulado, segunda noche, etc… así, con esta sensación de sueño, creo que no termino UTMB”, “ y para 50 km, no puedo permitirme el lujo de tirar por la borda los 123 km ya realizados y prácticamente un año preparando esta prueba” , “ ¿Rocío y Ruymán? No puedo fallarles ahora, hablaré con ellos y les diré que muy a mi pesar, descansaré un par de horas, aunque no duerma, pero me tumbo, intento descansar todo lo que pueda para que el cuerpo recupere, que asimile bien todo lo que voy a comer ahora… y salir ya hasta la meta aunque las 32-33 horas previstas ya se me iban a escapar con creces”…

Así lo sentí, y a posteriori, en frío, cuando terminé la prueba, 100% seguro que hice lo correcto. Desde mi experiencia, decidí tomar esa opción, serenar la mente, pensar en frío, optimizar todo lo que me pasaba, me rodeaba y tomar la decisión. Muy difícil porque la mente quiere, estás en caliente… tomar decisiones en caliente, cuidado, y más en este tipo de competiciones. Ahora sé que hice lo correcto.

Sin más llegué al avituallamiento, les transmití a los chicos cómo me encontraba, “estoy física y mentalmente de 10, pero el sueño me está matando, no sé cómo pero ha entrado mi cuerpo en un “bucle negativo de agotamiento” por el sueño”… así que plan B. Un par de horas después salí nuevo, fresco, corriendo con ganas y en ningún momento con falta de energía… pero pasadas un par de horas, nuevamente esa horrible sensación de sueño que me estaba matando las energías y las fuerzas que me quedaban.

Para mí esto se convertía ya en algo difícil de llevar; el hambre y la sed lo puedes controlar, pero el sueño imposible, y además sientes en carrera que tu cuerpo quiere, tu mente responde pero hay algo dentro de tí que no conecta, fuera de control.

La verdad que esta segunda noche se me hizo bastante larga, no dejaba de mirar el reloj para ver cuanto tiempo quedaba para amanecer… dos horas, una hora, media hora… ya empezaba a salir los primeros claros de luz en el horizonte; ojalá pase pronto esta “pájara” y pueda retomar el ritmo de carrera cuando salga el sol. Imposible.

Ya era cuestión de llegar a meta como fuera, daba igual el tiempo, sabía que iba a terminarlo, tenía tiempo de sobra para llegar a Chamonix pero el precio estaba siendo alto; más de una lágrima provocada por la rabia, pensando en los 123 kilómetros de antes lo bien que iba y me encontraba… bueno, ya no había que pensar en el pasado, mi cuerpo y mente centrado en llegar a meta.

Último esfuerzo y primera subida a La Gête, bajada hasta el kilómetro 140, avituallamiento de Trient, donde se escuchaba un silencio sepulcral que, a diferencia de los anteriores avituallamientos, donde todo era júbilo, griterío y palabras de ánimo, se respiraba en el ambiente “una nube negra” de agotamiento, muy poca energía… las caras de los corredores era un poema; me dije, “sal de aquí y no te contagies de lo que estas ni viendo ni respirando” porque no daba ningún ánimo a continuar.

Sin más, apenas hice una parada de escasos ocho minutos de reloj, comer bien, recargar bidones de agua con bebida isotónica y hasta el km 150 del tirón en Vallorcine, entre medias con la segunda subida a Catogne, donde me esperaban nuevamente Rocío y Ruymán. Una vez allí, últimas palabras de ánimo de los chicos y vamos hasta la meta si o si, con las últimas gotas de energía que me quedaban.

Era ya de día, se me cerraban los ojos… deseando terminar ya esos últimos 20 kilómetros con la tercera y última subida a Tête aux Vents donde la organización tuvo que modificar los últimos metros de esta cima, ya que el día anterior falleció un persona por desprendimientos, así que bajaríamos hasta el cruce de una senda para volver a subir nuevamente hasta La Flégére, todo por pista de esquí, interminable.

Ahora si, últimos 8 kilómetros hasta llegar a la línea de llegada en Chamonix. Bajada criminal en los primeros cuatro kilómetros por las pistas, pero había que hacer el último esfuerzo. Una vez fuera de pistas, dentro del sendero y la arboleda sientes que cada vez estás más cerca… era imposible contener las lágrimas de tanto esfuerzo, tanto agotamiento y tanta lucha en el último tramo de la carrera, los últimos 50 kilómetros, para vencer al sueño.

Menudo “juego de palabras”: luchaba contra el “sueño” para no abandonar en carrera y a la vez luchaba para conseguir este “sueño” llamado ser finisher del prestigioso Ultra Trail du Mont Blanc.

Muy emocionante al llegar ya a Chamonix y ver en apenas el último kilómetro de carrera a Ruymán, que me estaba esperando para darnos un gran abrazo lo primero, emocionarnos y darme, como no, esta vez por partida doble, la bandera de España y Argentina para entrar en meta.

¿Donde está Rocío? Le pregunté… “ en meta esperándote”. Volando a meta, Ruymán grabando este momento, corriendo juntos, muy emocionado, imposible contener tantas lágrimas de emoción… correr por el centro de Chamonix, sentir todo el griterío y los ánimos de las personas no tiene precio.

Y allá estaba, la famosa última curva y la entrada por ese arco majestuoso de meta que siempre había soñado. Fue como una sensación de liberación, como de… por fin, ya está hecho, y ahora si que me relajé, solo podía sentir y disfrutar. De las mejores sensaciones deportivas que he vivido nunca.

Y como no, mi mayor regalo fue verte allí. El pasado 31 de Agosto a las 18:00 horas daba comienzo esta competición… tenía visualizado en mi mente entrar en meta, sentir que estabas esperándome y poder verte allí. Un sueño hecho realidad por el que tuve que luchar durante 43 horas y 26 minutos, 171 kilómetros y 10.000 metros de desnivel positivo acumulado. Mereció la pena el esfuerzo para poder sentirte y abrazarte. 

Gracias Rocío por aparecer en mi vida, te quiero.

Finisher Ultra Trail du Mont Blanc 2018