Quería cambiar radicalmente de competiciones deportivas. Siempre he dicho que, si te centras en hacer o dedicarte a un deporte, te estás perdiendo muchos otros muy atractivos de reconocimiento a nivel mundial y sobre todo lugares donde únicamente pasarías una vez en tu vida a través de la competición… así que año de TRAIL RUNNING.

Como objetivo grande del año, éste: 8 días, 270 kms, 16.000 metros de desnivel positivo acumulado, 4 países… Alemania, Austria, Suiza e Italia, te recorres una parte de Europa corriendo: TRANSALPINE RUN, la carrera de montaña por etapas por excelencia y coincidiendo con el año impar, 2013, el año donde esta prueba es “más montañera” que los años pares.

Concretamente, éste fue el desarrollo de las etapas:

 

 1 – OBERSTDORF (ALE) – LECH AM ARLBERG (AUT) 34 km y 2.083+

 2 – LECH AM ARLBERG (AUT) – ST. ANTON AM ARLBERG (AUT) 24.7 km y 1.883+

 3 – ANTON AM ARLBERG (AUT) – SAMNAUN (SUI) 38 km y 2.975+

 4 – SAMNAUN (SUI) – SCOUL (SUI) 37 km y 2.000+

 5 – SCUOL (SUI) – kilómetro vertical 6 km y 935+

 6 – SCUOL (SUI) – ST. VALENTINE UNA RESCHENPASS (ITA) 37 km y 1.627+

 7 – SAN VALENTIN UN RESCHENPASS (ITA) – SOLDA (ITA) 41 km y 2.126+

 8 – SOLDA (ITA) – LACES (ITA) 38 km y 1.839+

La prueba se disputa por parejas, en equipo. Y de verdad que fue una de las experiencias más increíbles de mi vida… los paisajes, lugares de ensueño, las costumbres de cada país, los recorridos que nos llevaron a vivir una aventura muy bonita a la vez que exigente.

Días de calor, lluvia, frío, pasos fronterizos históricos, tramos de dificultad técnica elevados, hielo y nieve en diferentes puntos… una mezcla de adrenalina, locura y aventura que repetiría con los ojos cerrados.

Conoces a gente de todos los rincones del mundo, comes, cenas con ellos, compartes momentos en carrera durante los ocho días de competición y si tienes la suerte, puedes llegar a entablar amistad con algunos de ellos. A día de hoy, siguen siendo excelentes amigos y personas que aportan en mi vida un lugar muy especial.

Hay que quitarse el sombrero con la organización; tener controlado a un gran colectivo de personas no es nada fácil, pero en este aspecto un 10 a todos, desde el cuerpo médico, la logística de carrera, organización de etapas, puestos de avituallamiento, voluntariado, etc.

Parecía una locura, algo verdaderamente difícil de conseguir… ¿8 días?, ¿270 km?, ¿16.000 metros de desnivel positivo acumulado?. Como siempre digo, hay que entrenar mucho, y cuando crees que lo estás haciendo, hay que seguir un poco más y sin darte cuenta vas pasando a un nivel superior, cada vez apuntas más alto, te encuentras mejor y sigues avanzando.

Sin olvidar en este tipo de pruebas el papel tan importante que juega tu mente; cuando crees que no puedes más, sí que puedes, tan solo hay que intentarlo y seguir. Entrenar mucho da seguridad y confianza para afrontar retos complicados y exigentes pero, sinceramente, el aspecto físico queda en un segundo plano y quien verdaderamente tira de ti es tu mente, tu fuerza mental y capacidad de sufrimiento, la voluntad de querer continuar sin que nada te detenga, sobreponerse a las adversidades y adaptar en cada momento las necesidades de tu cuerpo; escuchar tu cuerpo es quien mejor te va a guiar en estas aventuras.

Desde mi experiencia, en competiciones de muchos días de competición seguidos, he llegado a entender cómo responde mi cuerpo. Supongo que he “creado” para mí mismo una regla de oro: el primer día de competición, te levantas y te duele todo el cuerpo, te preguntas cómo vas a empezar hoy el segundo día si apenas puedes tenerte en pie, pero al final tu cuerpo empieza a carburar y entras en la dinámica.

El segundo día quieres morir, más dolores, más rigidez en tu cuerpo a nivel muscular y rezas a veces para no estornudar porque parece que te vas a romper como una pieza de cristal.

Pero el tercer día, es el día clave; tu cuerpo parece que se acostumbra a ese dolor, te da señales de que, a partir de ahora, lo que le eches… sigues con dolores sí, pero ya entras en un bucle de “dureza” física y mental que éste tercer día es el que te da acceso al siguiente nivel, y así sucesivamente.

Lo he podido comprobar con el paso de los años y competiciones: cada persona es diferente. Todos tendrán su “tercer día” …o no, no lo sé, pero para mí, mis sensaciones, funciona. Siempre que afronto una competición de días, pienso en el tercer día, llegar al tercer día, y a partir de ahí tu cuerpo se mimetiza, se convierte en parte de la competición… ya eres COMPETICIÓN.

Leí en esta prueba; pain is for the moment, glory is forever”. Si acabo los ocho días de competición, si soy FINISHER me tatuaré esta frase. Y así lo hice…

Cada día que pasaba, notaba que la cinta del pecho de mi pulsómetro tenía que apretarla un poco más. Señal de que estaba perdiendo peso por momentos. Tras acabar los ocho días llegué a pesar 5 kg menos y no solo yo, sino todos los participantes teníamos las rodillas como balones de rugby.

Donde no sufrían las rodillas eran en las subidas, pero tras coronar un pico de montaña… las bajadas eran como clavarte mil alfileres en ellas, un dolor insoportable, pero aprendes a vivir con él, no te queda otra.

Cuando terminas y consigues llegar, cruzar la línea de meta, ponerte la medalla de FINISHER, te olvidas de los días en que las piernas te duelen a rabiar, horas y horas en competición cada día, lo que cuesta mantener la concentración para que tu cuerpo no se relaje porque mañana es otro día, y después otro, y otro…

Ahora sólo queda disfrutar y saborear lo que has conseguido.

 

Finisher GORETEX TRANSALPINE RUN 2013