Después de tantos años practicando triatlón, decidí dar el salto e intentar acabar un IRONMAN…y que mejor escaparate que apuntarse a unos de los más duros del mundo: Lanzarote.

Lanzarote es considerada como una de las islas que vive por y para el deporte; y así es… respiras ambiente deportivo allá donde vas, sin olvidar esos “paisajes lunares” en diferentes zonas, el clima, la temperatura… un 10 para cualquier práctica deportiva.

La verdad que mi cuerpo no estaba preparado para recibir tanta carga y volumen de entrenamiento, cosa que al final pagué con tan mala suerte que a un mes de la competición sufrí una tendinitis en mi rodilla derecha que al montar en bici era una tortura, y qué decir corriendo… imposible.

Pero bueno, armado de ilusión llegué allí con tan solo un objetivo: terminar y aprender, empaparme de cada una de las sensaciones que me iba a dejar la prueba porque sé que me ayudaría en futuros IRONMAN y competiciones.

Mar en calma a las 07:00 a.m, parecía una piscina, ni una ola… perfecto hasta que entramos los casi 2000 participantes que, como siempre, a buscarse la vida: golpes, patadas, te pasan por encima si no lo haces tú, más golpes y patadas para hacerse hueco… hasta que con el paso de los metros se va despejando el “camino” y poniéndonos a cada uno en nuestro ritmo y lugar.

La verdad que genial, para ser mi primera distancia de 3.8km nadando logré salir en 1h 01min, contando que tuve que “parar” en el transcurso del segmento a colocarme de nuevo las gafas ya que una patada de esas me hizo que las gafas se salieran de la cabeza… una guerra en esto del triatlón en el segmento del agua.

A mí personalmente me encanta nadar, no es un segmento que me desagrade como a muchos triatletas que quieren pasar la parte del agua cuanto antes por no encontrarse cómodos. Entiendo esa parte, si no te gusta mucho nadar se te puede atragantar, pero igualmente creo que hay que entrenarla duramente para, al menos, pasar el menos tiempo posible en el agua y lo que conlleva: más gasto calórico, perdida de energía, y si eres un poco friolero…

Cuantos más minutos, peor para tu organismo porque luego te costará entrar en calor y volver a un estado óptimo para seguir.

Recuerdo que ya en el segmento del agua, al salir, hubo gente que en la orilla caía a plomo, fruto de la ansiedad, del esfuerzo, un poco todo.

La salida del agua es muy emocionante: toda la playa aplaudiendo y animando a todos los participantes… te quitas el neopreno hasta la mitad de tu cuerpo, gafas y gorro fuera hasta que llegas a coger la bolsa de ropa para cambiarte; es impresionante el ambiente que te rodea, llegas hasta soltar alguna lagrimita de la emoción.

Carreras, material por el suelo, choques de unos con otros, hasta que te haces hueco y en la bolsa de cambio metes el neopreno, gafas y gorro… todo listo para el segmento duro de bici. Nada más montarme, hace aparición la molestia en mi rodilla en la primera pedalada… día largo pensé… pero no le presto mucha atención debido al subidón de adrenalina que tienes, el ambiente, los atletas a mil por hora ya.

Así que a mi ritmo, conservando fuerzas y no volviéndome loco ya que sabía que tarde o temprano la molestia iba a pasar factura y más con ese perfil del recorrido en bicicleta. Así fué, en el kilómetro 120 mi rodilla me estaba dando señales de alerta roja… ya había tocado el punto límite.

Sin problema, plan B: relax, baja de la bici, suelta un poco, oxigena el cuerpo y mente, come, bebe… y “paseo” en bici hasta meta para llegar a la maratón lo más entero posible.

Al final el segmento de bici logré meterlo en unas 7 horas 30 minutos; desde luego el perfil es duro… pero el viento en Lanzarote es peor. Rachas de viento en contra de 38km/h, viento de costado, viento, viento y más viento por todos lados.

La llegada al Puerto del Carmen donde iba a transcurrir el segmento de carrera es brutal; vienes de estar allá arriba en el Mirador de El Rio con lluvia y frio, y te metes en el puerto a 35 grados.

Transición muy cómoda: calcetines, zapatillas, gorra, gafas, crema para el sol… y todo listo para la maratón.

Apenas sin poder correr fruto de la tendinitis en mi rodilla, así que tantos km como podía corriendo, otros tanto andando y así sucesivamente hasta completar la maratón en casi 6 horas.

La verdad que venir a una prueba lesionado es duro; piensas en los meses que entrenas duramente para llegar en condiciones a la competición y de repente las malditas lesiones. Cuando juegas a estos juegos, sabes que corres siempre el riesgo de que pasen éste tipo de situaciones pero… aquí entra a jugar una vez más la capacidad de sufrimiento y sobre todo la mentalidad de cada uno y NUNCA rendirse… JAMÁS.

Recuerdo la maratón… ”disfrutando”, ver a los corredores profesionales qué ritmo llevaban, a los demás atletas con sus caras de darlo absolutamente todo… dolor, agonía, personas a punto de retirarse y caer desplomados… una gran experiencia que pude ver desde la “tranquilidad” de no tener ninguna presión competitiva y tan solo terminar y aprender. Fue enriquecedor.

Después de 14 horas 40 minutos, logré cruzar la línea de meta; eso si, el último km, ¡vuelas!… creo que desaparecieron todos los dolores por momentos.

Así que por fín FINISHER IRONMAN LANZAROTE 2009… tuve clara una cosa: éste iba a ser el comienzo de numerosas pruebas de larga distancia, ya sean de triatlón o cualquier otra disciplina deportiva. Sentí como una especie de “droga” que recorría por todo mi cuerpo.

¡Fue cruzar la meta, y ya estaba pensando en cual sería mi siguiente objetivo… con hambre de más…!, !Increíble!. Cualquier persona entra en meta después de hacer casi 15 horas y seguro que lo primero que piensa es… me voy a la cama, no quiero escuchar la palabra bicicleta, maratón, barritas, geles, en mucho tiempo… en mi caso, todo lo contrario, quería MÁS… Inolvidable experiencia y muy feliz al terminar esta durísima prueba.

 

Finisher IRONMAN LANZAROTE 2009