Cilindro de Marboré - 3.328 mts.

Desde la Pradera de Ordesa, siguiendo el sendero GR-11 y remontando el valle  por el margen Norte del río Arazas comenzamos la actividad que me llevará a la cima del Cilindro de Marboré de 3.328 metros de altitud.

 

Un lugar mágico llamado Valle de Ordesa, nombrado en 1997 Patrimonio de la Humanidad por la Unesco; su vegetación, las paredes que forman este valle excavadas por la erosión de un antiguo glaciar, el silencio y la paz que se respira, la majestuosidad de las Cascada de Arripas, Cascada del Estrecho, las famosas Gradas de Soaso… dan paso al Circo de Soaso.

Esto y mucho más es lo que encuentras a su paso, que inevitablemente, observas con respeto y admiración, hasta llegar al espectacular salto de agua de la Cola de Caballo.

 

El Cilindro está situado en España, muy cercano a la frontera con Francia (Circo de Gavarnie); su nombre se debe a la impresionante cara Norte, una pared vertical redondeada con una forma que recuerda a un cilindro geométrico.

Es la punta más septentrional del triplete llamado Tres Sorores, constituido de Norte a Sur por el Cilindro de 3.328 metros, el Monte Perdido de 3.348 metros y Soum de Ramound de 3.257 metros.

Su sobrenombre se debe a que la misma cara Norte domina el circo glaciar de Marboré, donde podemos encontrar el Ibón de Marboré.

 

Desde el parking donde te deja el autobús, tienes cerca de 12 kilómetros aproximadamente hasta el famoso Refugio de Goriz, situado a 2.160 metros de altitud, punto desde donde parten numerosas rutas, la más conocida entre otras, la del Monte Perdido por su cara Sur.

Previo al acceso al refugio, puedes subir por las Clavijas de Soaso, pared de 20 metros aproximadamente donde están instaladas unas cadenas y clavijas para facilitar su paso y ascensión; con mucho cuidado, ya que la confianza de este paso, a veces, puede dar lugar a trágicos accidentes como ha ocurrido en alguna ocasión. Existe una pequeña senda justamente al lado de la Cola de Caballo, para mayor seguridad de quienes quieran subir hasta Góriz sin tener que subir por las clavijas. Sin más, casco y para arriba.

 

Un dato: las Clavijas de Cotatuero, data la fecha de 1881 cuando dos herreros hicieron la labor de poner estas clavijas en las paredes a petición de un cazador inglés, que no quería perder el tiempo en llegar hasta los prados de Cotatuero para poder cazar.

Al llegar arriba, miras hacia atrás y ves todo el cañón del valle, espectacular.

Así que rumbo al Refugio de Góriz; una vez allí, pequeña parada de unos minutos para ajustar mochila, bastones en mano, cambiarte la camiseta, y rumbo al Ibón helado… Ibón a 2.985 metros de altitud, que yace entre medias del Monte Perdido y el Cilindro de Marboré, una imagen en un entorno espectacular.

La subida desde el refugio de Góriz hasta el lago helado es bastante exigente, hay que estar muy bien físicamente para aguantar tanto desnivel positivo acumulado de contínuo… una vez llegado aquí, queda lo más duro, llegar a la cima, tan cerca pero a la vez tan lejos.

 

Una vez superada una auténtica pedrera que te tira para atrás mientras asciendes, hay que sortear dos canales o pasos: el primero de tercer grado, y a continuación, el siguiente a escasos metros, un paso de segundo grado.

Ya solo queda contemplar la cima a escasos cien metros…todo lo duro ha pasado, en apenas cinco horas, desde el parking de la Pradera de Ordesa, cima en el Cilindro de Marboré a 3.328 metros de altitud donde se puede contemplar la majestuosa imagen del Monte Perdido justamente en frente de ti, la famosa escupidera, el lago helado, un mar de montañas que envuelven la cima y un silencio que lo único que te transmite es paz y no querer bajar de allí.

Allí arriba vuelves a sentir, por lo menos a mi, cuanto impone la naturaleza,  su respeto y total admiración, educación deportiva, saber escuchar y leer el terreno, saber de donde vienes y ante todo, siempre los pies en la tierra…te sientes tan vulnerable ante tanta grandeza, difícil de describir.

 

Después de contemplar todo aquello, sentirme inmensamente feliz de volver a conseguir estar en una de las diez cimas más altas de España, respirar el aire que solo se puede respirar aquí arriba, quedaba el camino de regreso a la pradera; feliz, caminando y deshaciendo todo el recorrido que había subido para completarlo ahora de bajada.

Afortunado de poder hacer este tipo actividades; algún día poder mirar atrás con el paso de los años y sentir que… estuve ahí.

 

Dedicar tu tiempo a lo que realmente te hace feliz.