Una de las grandes experiencias que me voy a llevar de esta vida ha sido aquí en Argentina, San Carlos de Bariloche, y parte de Chile. Contemplar el paisaje, la magnitud y la belleza del recorrido de la prueba no tiene precio.

Para cualquier amante de la naturaleza, esto es un auténtico paraíso.

En Marathon des Sables 2016, tuve la gran oportunidad de conocer a mis compañeros de Haima 13. Para esta aventura en Los Andes, decidimos inscribirnos en categoría Team… con Ruymán de Armas íbamos a formar una pareja muy fuerte a nivel competitivo con un objetivo claro e importante: intentar quedar en top 10 y una vez dentro de estas posiciones, llegar lo más alto posible, ¡vamos!

La prueba consiste en recorrer 100 kms en plena cordillera de Los Andes en tres días, en concreto la primera semana de Febrero: montaña, cruzar ríos, majestuosos lagos, bosques y caminos, lluvia, frío, calor… en el que todos los participantes dormiríamos en tiendas de campaña, ¡vida de campamento total! Pasarlo bien era garantía segura.

Atrás quedaron duros entrenamientos, mucho volumen de kilómetros y gran intensidad en los días de entrenos de calidad; todo iba viento en popa, las sensaciones para la prueba cada vez iban a más… los dos muy motivados, extremadamente motivados.

A falta de 6 semanas para la prueba, tuve que parar de entrenar: una tendinitis en el tendón cuadricipital me frenó los entrenamientos… no pasa nada, un par de semanas de descanso no vendrían mal, prácticamente tenía ya hecho todos los deberes en lo que se refiere a entrenamientos, así que no me preocupaba.

Al final la supuesta molestia fue algo más serio. Me iba a dejar parado en lo que se refería a correr, bicicleta… impacto 0. Cuando “juegas a este juego” las lesiones van unidas de la mano. Tuvimos que cambiar la inscripción a categoría individual las dos últimas semanas; ir así era ir frenando a mi compañero, no era justo; además, él se encontraba muy bien de forma y tenía que aprovecharlo, ir a todo gas.

Así que plan B, ya que llegué a la prueba lesionado, y con la idea de terminarla, recaer en la lesión lo menos posible… y armado de paciencia, bastones en mano y caminar a buen ritmo, mucho pateo y poco correr así afronté los tres días de competición.

A las 3:00 de la mañana tocaba despertarse para hacer la primera “largada” (salida en argentino), ¡vamos! estábamos en El Cruce Columbia, en La Patagonia, en Los Andes… ¡vamos!

Mi ilusión, aún no estando al 100%, no la perdía. Es más, incitaba a mi compañero, le motivaba, su carrera y mi carrera eran bien distintas, pero lo que llevas dentro, el carácter competitivo, la garra y la energía, la motivación siempre están presentes.

Son tantas las ganas de competir, de no pasar “andando” por esta carrera, que opto por empezar a correr pase lo que pase.

Por otra parte, Ruymán tiene que tomar su parte de riesgo en esta carrera. Para esta prueba se ha propuesto competir, luchar por dar el máximo, vaciarse en toda la competición para ver hasta dónde puede llegar. Eso es arriesgado porque te juegas el físico, y también es arriesgado porque creas muchas expectativas, te pones objetivos difícilmente alcanzables. No es fácil tomar la decisión de dejar a tu compañero y tirar solo durante tantas horas. Con esta tensión y con poco descanso en el cuerpo, vamos a los autobuses rumbo a la frontera con Chile.

La carrera de hoy era la más rápida. El perfil no era muy duro y la estrategia era correr todo lo que se pudiese. El tiempo parece que nos respeta en los Andes, las primeras horas de la mañana son fresquitas, el resto del día el calor apretó hasta los 30 grados aproximadamente. Aquí es verano. La etapa se dividía en dos: 3 kms por Chile y los 30 restantes por Argentina.

Por desgracia, unos kilómetros más tardes hizo su aparición el dolor y la lesión me impidió correr normalmente. Continué solo toda la carrera, con dolor, a mi ritmo… pensando en mi compañero en todo momento y transmitirle fuerzas y energía para que se vaciara por completo. Dormiríamos en los campamentos a escasos metros de los lagos… qué mejor lugar no sólo para dormir, sino para despertarse a la mañana siguiente y contemplar dónde estás.

Amanece el día dos de carrera con algo de frío, la humedad del lago no ayuda mucho tampoco. Algunos corredores ya han abandonado por problemas físicos o caídas. A pesar de mí lesión, mi motivación sigue intacta, como si saliera hoy a correr como un toro a darlo todo… sólo me queda aconsejar, animar constantemente a mi compañero… ¡vamos! Tras una serie de calentamientos y estiramientos, empiezan a “largar” por parejas y según clasificación de carrera del día anterior.

Cuando vas a una carrera a disfrutar y a admirar el paisaje, no te preocupa ni ritmos ni clasificación porque llevas tu ritmito y a terminar con tranquilidad. Cuando sabes que estás compitiendo debes pensar de otra manera y arriesgar, no dejar escapar a tus rivales y si puedes, adelantarlos.

La etapa 2 ha sido muy dura, mucha subida y terreno realmente inestable. Cuando ya estaban en la parte alta del cerro, la temperatura alcanzó los 35º y con un sol patagónico duro. Un ejemplo claro de esta dureza fue el “corte” de carrera a unos 100 o 200 corredores en dos ocasiones. En el kilómetro 7 aproximadamente ya hicieron el primer corte a los corredores que no estaban cumpliendo los 14 minutos por kilómetro que se establece como mínimo por la organización. El segundo corte se hizo a mitad del recorrido siguiendo la misma pauta. Esta vez les dejaron continuar, pero por un recorrido más corto y con su obvia penalización.

Al final de la etapa, Ruymán con todo el esfuerzo del día, dio sus frutos terminando en el puesto 33 y subiendo 15 puestos en la general. Felicitaciones a mi compañero y muy contento de lo que estaba consiguiendo.

Tercer día… ya desde la noche durmiendo en las tiendas, sentíamos como estaba lloviendo, y que la etapa iba a ser más dura por la lluvia y el frio. Calentar antes de salir se hacía mucho más pesado y con la llovizna era difícil ponerse a tono. A pesar de todo, las ganas de terminar y salir a correr eran más fuertes que unas simples gotas de agua… era el último día.

Esta etapa ha sido la más gratificante para los corredores. Tenía subidas, llaneo y mucha bajada al final. Lo que viene siendo un recorrido perfecto para una carrera de montaña. El caso es que yo personalmente disfruté muchísimo; la lluvia me encanta y cuanto más se endurezca la prueba mejor me siento y más me motivo.

Los kilómetros pasan y cada vez te vas encontrando más cerca de la meta y ser FINISHER de una prueba mágica por donde transcurre, y que no quieres que acabe. Mi compañero logró terminar la prueba en un merecidísimo 43º puesto de la general y yo terminé la prueba… con la lesión algo resentida pero no tanto como esperaba, así que contento por partida doble.

Me encantaría volver, son de esas pruebas que tienen su encanto y no descartas volver a repetir, sobre todo para quitarme la espinita clavada y poder venir acá a disfrutar, pero corriendo y dando el 1000%.

Una experiencia única ésta prueba.

                                                                                             

Finisher EL CRUCE COLUMBIA 2017