Con las ganas, la ilusión y la esperanza de hacer un buen papel en esta prueba, llegué a Suecia, en concreto a Kalmar, un país, una ciudad que no me defraudó en lo que se refiere a belleza y la riqueza del lugar; lo superó con creces… espectacular.

Kalmar, ciudad situada al sureste de Suecia a orillas del Mar Báltico, es una de las ciudades más antiguas de Suecia, con sus fortalezas y castillos reinando la cuidad y con su famoso Puente de Öland, que comunica Kalmar con la isla de Öland.

El día señalado: el 15 de Agosto… meses atrás de duros entrenamientos para afrontar este reto y sobre todo disfrutar de donde me encuentro. Un privilegiado.

Como siempre, los días previos a una gran prueba son eternos: te distraes un poco por la ciudad, sales a soltar piernas, corres un poco, sales a montar en bici para comprobar que todo esté correctamente y finalmente vas a nadar para coger las últimas sensaciones antes de la prueba.

Sin darte cuenta ya estás recogiendo dorsal, colocando las cosas en la habitación del hotel, estudiando cuál será tu estrategia de carrera, ver el perfil del segmento de bici, avituallamientos, mil etc…

Y llegó el tan esperado día. A las 07:00 am todo el mundo al agua: empezaba la prueba… ya en los momentos previos a la entrada del primer segmento vimos como el mar, fruto del viento, tenía un oleaje que… se respiraba en el ambiente que esta primera parte de la carrera iba a ser dura y sobre todo bastante sufrida.

Y así fue; creo que en mi vida no he tragado más agua en un triatlón como aquí en Kalmar, y no es por los demás atletas que abren paso, golpes y más golpes… al revés… nadar, bueno, se nadaba pero era una auténtica montaña rusa e imposible coger un ritmo constante,  poder deslizarte y nadar de una manera fluida y cómoda.

Había que pasar por lo menos los primeros 3.000 metros lo mejor posible, ya que los últimos 800 mts. el recorrido nos metería por el canal dando acceso al puerto, donde ya no tendríamos el fuerte oleaje que fue, sinceramente, agotador y que te dejaba unas sensaciones de mareo.

Casi el último km me pasé adelantando alrededor de unas 80 personas, por lo menos lo que alcanzaba mi sensación y visión mientras nadaba… venía de hacer 4ª posición en el Triatlón de Bola del Mundo, la moral y la confianza por las nubes, venía a realizar un segmento de natación por debajo de la hora, pero la olas nos dejó a todos los participantes con un puntito de fatiga y agotamiento que pasaría factura.

Al final, pese a las inclemencias meteorológicas en las que tú no puedes hacer nada, logré sacar el segmento de natación en 1 hora 06 minutos, bastante por encima de las expectativas marcadas pero muy contento de cómo se había desarrollado la prueba en el mar con el fuerte oleaje.

Sin querer te generas ansiedad y estrés ya que no cuentas con el tiempo perdido en la natación, y el tiempo corre, y tienes que apretar en la bici, y tienes… y tienes… la verdad que me quedé bastante tranquilo cuando fui a coger la bici y pude ver en el box de bicis que el 90% de las bicis estaban allí… señal de que a los demás triatletas que seguían en el agua se les había atragantado tanta ola y tanto viento… no era el único.

En un Ironman, un triatlón de larga distancia con sus 180 kms en el segmento de bici, el S2, es decir, el segmento de bicicleta es el que “parte el bacalao” en la prueba. Son las horas que pasas en la bici las que te va a marcar prácticamente el devenir de la prueba… si vas a intentar hacer buena marca claro, sin olvidarnos de que después te quedan los 42 kms de la maratón a pie.

Si en S1 la natación, el viento y el oleaje fueron agotadores, en el S2, la bici, no fue menos: 180 kms de viento en contra, de costado… por todas partes… pensé, bueno en algún momento de la prueba se pondrá a nuestro favor y “volaremos” sobre la bici… no fue así salvo en contados tramos.

La subida al puente de Öland, que no tiene nada, la bici iba clavada; por momentos parecía que estaba subiendo un puerto de montaña.

El problema del viento sobre la bici es que tienes que tener mucha paciencia, mucha concentración, ser inteligente en el pedaleo y apretar los dientes todo lo que puedas y más.

Hay un gasto energético más elevado de la cuenta, gastas muchas fuerzas que sabes que luego echaras en falta… pero tienes que seguir, estar ahí luchando contra esa adversidad. (recuerdo al finalizar la prueba, escuchar por parte de la organización, que esta edición fue la más ventosa y que muchos corredores, agotados mentalmente, se bajaron de la bici por momentos para desconectar, oxigenar la mente y posteriormente seguir).

Quien sabe de estas sensaciones… más de uno en algún entrenamiento se vuelve a casa porque se sufre mucho y se disfruta poco encima de la bici.

Sabía que tanto esfuerzo podía pagarlo a posteriori en la parte de la carrera a pie (y así fue), pero tenía que seguir apretando, había venido a Kalmar para intentar terminar la prueba lo más cercano a las 10h… había que seguir sí o sí, con cabeza, pero seguir aguantando como fuera.

Logré finalizar el segmento de bici en 6 horas clavadas… 180 kms de puro viento con un gasto energético importante… un poco fundido, sí. Bastante lejos del tiempo que quería hacer, pero… una vez más, hay cosas que no dependen de ti, solo toca adaptarse y seguir luchando.

Así que “aliviado” de tanto viento, logré calzarme las zapatillas, comer, hidratarme y comenzar los últimos 42 kms de la maratón.

Sabía que el gasto energético producido en la bici iba a hacer su aparición, pero no sabía en qué momento y cuando… ¿cómo se iba a manifestar?, ¿tal vez calambres?, ¿agotamiento?, ¿pájara?… debía estar muy atento y escuchar las señales que me iba a mandar mi cuerpo durante la carrera; beber, comer… siempre alerta.

Una vez entras en la dinámica de la prueba, te vas encontrando mejor. Vas echando tus cálculos: este ritmo, las horas que llevo… bueno, lejos de estar cerca de las 10 horas pero si sigo con esta dinámica en 10h 30min /10h 50min podré terminar la prueba… ahí va a estar la cosa.

Km 8 de la carrera; siempre había dicho que en un Ironman, si entras al baño puede pasar dos cosas: la primera es que echas todo lo que tengas que echar, reseteas tu cuerpo, comes y bebes para volver a salir y continuar… o la segunda, entras… echas todo lo que tengas que echar, reseteas tu cuerpo, comes y bebes para volver a salir y continuar… pero ko técnico en el momento.

Haces la rutina marcada, pero a tu cuerpo le pasa algo… estas fundido, tienes un vacío energético y muscular, comas lo que comas y bebas lo que bebas, entras en un declive, en una pájara bestial… donde tu corazón y tu mente quiere, quiere de verdad… pero las órdenes del cerebro a tu cuerpo no se corresponden a cómo te manifiestas al exterior.

¡Camina un poco, oxigena la mente, no pasa nada por perder unos minutos, el día es muy largo, aún queda mucho…! ¡Recupérate! Un monólogo constante…

Logras seguir, continuar, pero ya se disparan ritmos, tiempos, la fatiga cada vez es más acusada… plan B… termina la prueba.

La parte de la maratón creo recordar que desde el km 10 hasta final a meta prácticamente andando; era imposible seguir corriendo… tiempo de la maratón: algo más de 6 horas.

Cuando llegas a meta, es un sabor agridulce; supongo que cada uno tiene su historia del día en un día de prueba: nadas, coges la bici y terminas corriendo… eso sí, jamás retirarse, jamás rendirse y abandonar.

Siempre fiel a mis principios: luchar hasta el final pase lo que pase, intentarlo y seguir intentándolo… pueden salir las cosas mejor o peor, pero siempre intentarlo y nunca tirar la toalla.

Y ¿porque no? ¡Por supuestísimo que sí! Feliz, muy feliz de terminar un Ironman, otra vez, la prueba de triatlón para mí por excelencia en el mundo. 13 horas 32 minutos, otra vez será…

 

Finisher IRONMAN KALMAR 2015