Maladeta - 3.308 mts.

Suena la alarma del reloj a las 03:45 a.m… ¡rumbo a La Maladeta! Seguimos en Senarta, nuestro campamento base en Pirineos. Ayer después de hacer cumbre en el Perdiguero, ducha reparadora, comida e hidratación constante durante toda la tarde y alrededor de las 21:00 horas a descansar en la tienda dentro del saco de dormir… la cumbre de La Maladeta iba a ser el colofón final a este fin de semana lleno de emociones fuertes, de una actividad física exigente, pero sobre todo de disfrutar de este espectacular lugar llamado Pirineos.

Había descansado muy bien, las piernas algo resentidas del día anterior como era de esperar, pero sabía que era cuestión de minutos que al empezar la ruta, el cuerpo me iba a responder sin problema, y así fue. Un buen desayuno liofilizado a base de muesli con chocolate, frutos secos, un café, últimos retoques de la mochila con todo el equipo y todo listo para salir, ya que a las 05:00 a.m cogeríamos el autobús que nos dejaría en la Besurta y ya desde ahí comenzaríamos la ascensión.

Feliz, muy feliz de volver a intentar llegar hasta lo más alto de esta montaña; intentarlo si, porque en montaña, nadie te asegura nada, hay que ir paso a paso, saber escuchar, leer el terreno, las condiciones meteorológicas que pueden hacer que abandones el intento de hacer cima, etc. y sobre todo en esta montaña, observar estando ya en el glaciar, como estaría la famosa rimaya que separa la nieve de la roca. Hacer cumbre supondría un gran paso adelante para la consecución de este proyecto… ALTITUD 3.0 las 10 cimas más altas de España.

El autobús nos deja en La Besurta. Luces de frontales por todo el valle que poco a poco irían dejando paso al amanecer. Llegamos al Refugio de la Renclusa, parada de apenas cinco minutos para cargar agua para continuar con la ruta y ver el sol va entrando y cobrando fuerza.

Poco a poco vamos logrando altitud, el Refugio de la Renclusa va quedando allá a lo lejos. Rodeados de majestuosas montañas, gigantes de roca que vigilan tus pasos… impone respeto.

Última parada, ahora sí, la cosa se pone seria: crampones, piolets, bastones, arnés, casco… todo listo para entrar en el glaciar de La Madaleta… cielo completamente despejado, con una suave brisa que se agradecía después de tanto calor del día anterior.

Estar dentro del glaciar es espectacular, debes de parar aunque sean escasos segundos para poder observar todo lo que te rodea, escuchar el silencio, el sonido de cada paso que das clavando los crampones, tu respiración, la altitud ya superando los 3.000 metros… la verdad que cuando estás en forma, cuando estás fuerte física y mentalmente puedes hacer todo cuanto te propones, y en estas situaciones de alta montaña donde estás tú y el equipo que porteas a tu espalda, tienes saber adaptarte en cada momento a todo… sed, hambre, fatiga, calor, frío, etc. para seguir adelante: las comodidades y la zona de confort aquí no existen.

El paso de la rimaya, con tanta nieve, estaba claro que no habría ningún problema de pasar y encarar la última subida dirección a la cumbre.

El Canal de la Rimaya de entre 40-50 grados de pendiente donde piolets, crampones y sobre todo tu mente, jugarían un papel fundamental. Mantener la calma, respirar, saber qué hacer en cada paso y tu máxima concentración son piezas importantes para no bloquearte y continuar con la ascensión… es inevitable mirar hacia abajo, pero se disfruta si sientes que tienes el control de la situación… buena caída si.

Últimos pasos, último esfuerzo y prácticamente estaba conseguido; cuando llegué al final del canal, fuera crampones y piolets… rumbo a la cima de La Maladeta muy emocionado y muy feliz de volver a conseguir mi objetivo.

Ya en la cima puedes contemplar todo lo que te rodea; un inmenso mar de montañas, laderas cubiertas de nieve, glaciares, verdes valles, el Aneto, el Pico Maldito, el Ibón de Cregüeña… espectacular.

La verdad que te quedarías ahí arriba disfrutando de todo lo que te rodea, pero hay que bajar… destrepando por el mismo Canal de la Rimaya, y todo lo que habíamos subido, ahora de bajada. Hasta llegar al Refugio de La Renclusa se hace bastante largo y pesado, y más con el calor que estaba haciendo.

No importa lo que se tardara en llegar al refugio, cuando estás feliz, cuando te sientes física y mentalmente genial, lo que haga falta; al revés, que no se acabe nunca.

Nuevamente, el Pirineo tiene algo especial que me hace soñar cada vez más alto, cada vez más lejos…